viernes, diciembre 04, 2009
2:58 PM

Entre otras cosas…

posted by Prox!
I.
La semana de las encías sangrantes hice lo posible por atender al problema de mi diente fracturado. Después de dos años de vivir con ella, me había lastimado recientemente y aunque ya no me dolía tanto, me preocupaba que de repente comenzara a sangrar.

Luego de revisarlo superficialmente, me hicieron pruebas de frío y de calor para saber si el nervio aún estaba vivo, pero fue inútil. Una radiografía confirmó que no había nada más que hacer y al día siguiente mi diente número 12 fue extraído. No sufrí en absoluto, la anestesia hizo su trabajo.

A pesar de que la extracción se complicó y tuvieron que hacerme cirugía, salí de la clínica 35 minutos después, a semejanza de esos perros sonrientes que muestran un colmillo, mordiendo una gasa ensangrentada. Un antibiótico y un analgésico fueron suficientes y mi tos que se ha negado a desaparecer luego de una fuerte recaída en gripa, me ha dado más molestias las siguientes semanas. Contrario a lo que pensé, el problema de estar temporalmente chimuelo, a mis casi 30 años me preocupó menos de lo que esperaba. Hago mofa de ello y siempre que argumento ante algún conocido –o no- que no reiré nunca más para no mostrar el hueco en mi dentadura, comienzo a reír estúpidamente.


II.
El problema de los olvidos llegó sin avisar como ocurre con las facturas telefónicas o los eventos telúricos. Un buen día, la flaquita me dejó un mensaje en mi teléfono celular, el cual, como es costumbre en mi caso, revisé varios minutos después de recibido. – Te espero en el oxxo de junto a tu oficina a las 4:30 pm-. Eran las 4:35 y salí presuroso al encuentro. Bah,

-nadamás quería darte un beso, fue su respuesta.

Yo, para no sentirme usado, le quise acompañar a cargar gasolina a unas cuadras de mi trabajo previa consulta del estado de mis finanzas en el cajero automático de aquel local comercial.

Estábamos en la gasolinería cuando advertí que no traía mi tarjeta de débito, por lo que regresamos a toda prisa. Algún buen hombre le entregó la tarjeta al dependiente y mi saldo estaba intacto.


II.I
Acudimos a una típica boda de pueblo. Cientos de invitados, en promedio 1.5 niños por cada 3 adultos. Padrinos de lo inimaginable. Mucha comida, mucha bebida. Me negué a permanecer en la celebración católica, previa discusión con quien ustedes saben, pero no pude escaparme al baile. La boda no fue del todo aburrida, hubo hasta payaso, trío de huapango y banda de viento. Bailar huapango es de hueva, pero con copas encima y el tamaño de quienes ustedes saben, el baile de banda es cosa tan fácil como extraer un diente número 12. Suspendí mi tratamiento –de la cirugía dental y de la gripa- o más bien lo sustituí por tratamiento alcohólico.

Acabamos con cuanta cerveza nos pusieron enfrente y además con 3 botellas de tequila –éramos 4. Al salir del lugar, siendo parte de las últimas 30 personas en abandonar la fiesta, la bolsa de quienes ustedes saben cayó bajo la mesa. Ella estaba bastante borracha y no lo notó hasta que llegamos a casa en Querétaro y le dije que no dejara la bolsa en el coche. Aquí hago una pausa para decirle a todas las mujeres del mundo que los hombres NO usamos bolsa, por lo tanto, estamos completamente desprovistos de alarmas que nos adviertan que nuestra mujer ha olvidado la suya. No más dramas por cosas como esas. Punto.

Ella traía una cantidad importante de dinero, cientos de cosméticos, un manos libres, un cargador de teléfono celular para uso en automóviles, una billetera con decenas de credenciales –te dan una tarjeta "de ahorro" hasta por comprar frijoles o desenfrioles- y sepa usted cuántos objetos más.

Hubo dramas, mucho llanto, volvimos a mi casa en horas de la madruga a buscar en mi auto, interrumpimos la borrachera de la gente de la fiesta, etc. El domingo, posterior al acto mañanero reconciliador, cuando supe la cantidad de dinero que traía, le propuse volver al lugar de la fiesta, a unos 60 kms. No tuvimos suerte, buscamos por todo el pueblo al dueño del salón, al administrador, al velador, pero ninguno estaba en casa. ¿A dónde demonios va la gente que nunca en tu vida vas a volver a necesitar cuando se les solicita? Al menos volvimos a cenar delicioso del recalentado.

Al día siguiente los primos de quien ustedes saben se presentaron en el salón y les devolvieron la bolsa. Había una cantidad de dinero a la vista en la billetera dentro de la bolsa. En algún compartimiento de la misma, oculta, había una cantidad tres veces mayor. Esa cantidad, casualmente, había desaparecido. Me caga que la gente se cobre a lo chino.

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